LOS EXTRAÑOS ARGUMENTOS DE LOS VOCEROS DEL PODER ECONOMICO

La suba de los precios, denominada en lenguaje económico inflación, obedece a una “multicausalidad” que genera que:
- Los precios suban por inercia
- Los precios suban por expectativas.
- Los precios suban por recomposición de ganancias.
Al no ser los precios un cuerpo de materia y al carecer de un sistema cognitivo, es evidente que no podemos analizar sus comportamientos con las leyes de la física ni atribuyéndoles las capacidades de prever razonablemente que un acontecimiento suceda, salvo que intentemos disimular lo más importante dentro de la formación de precios. Si no hay evidencias que demuestren un aumento de los costos, los precios aumentan por una mayor ganancia empresarial.
Con lo cual podemos concluir que con los conceptos de “inercia” y “expectativas” se intenta ocultar las decisiones empresariales, basadas en la idiosincrasia del capitalismo argentino, cuya voluntad se expresa en conductas tales como “si los precios aumentan, sigamos aumentando” (inercia) y “los precios van a aumentar, entonces aumentemos” (expectativas). Estas decisiones de aumentar precios sin correlato en aumentos de costos concluyen en una mayor ganancia empresarial con la consiguiente perdida de poder adquisitivo de los ingresos fijos (salarios, jubilaciones, subsidios, etc). Ese aumento de ganancias como generadora de aumentos de precios esta expuestas literalmente en el tercer argumento, recomposición de ganancias, lo que hace innecesaria cualquier explicación.
Ahora veamos porque este discurso económico tiene una evidente perspectiva de clase.
Ocultando la responsabilidad empresarial en los aumentos de precios, se instala como algo natural el aumento de precios de los factores de producción, esto es el aumento de los ingresos de la propiedad de los factores de producción (tierra, capital y conocimientos y/o tecnología), dejando en el olvido al factor de producción primario: el Trabajo.
Ese discurso, que denigra al trabajo en el sentido creado en la sociedad, instala que, en la puja distributiva, solo el sector empresarial puede recomponer los ingresos derivados de sus propiedades (los factores Tierra, Capital y Conocimientos y Tecnología), recomposición que no existe para los ingresos del Trabajo.
Esa perspectiva de clase con que se analiza discursivamente a la economía real, no solo en nuestro país ya que este discurso es de aplicación global, ha logrado evitar que las mayorías populares puedan utilizar las mismas argumentaciones clasistas del discurso económico.
Los trabajadores, a través de sus organizaciones sindicales, también pueden utilizar los conceptos de “Inercia y expectativas” para que el precio de nuestro trabajo recomponga sus “márgenes de ganancias”, esto es que logremos un poder adquisitivo de nuestros ingresos (salarios, jubilaciones, subsidios, etc) para así lograr una vida digna.
Conseguir, sencillamente, la Justicia Social