GESTION NO ES LO MISMO QUE CONDUCCIÓN

En un desafortunado discurso el presidente Fernandez, intentando justificar su accionar político, tergiverso la acción de gobierno del General Perón aduciendo que “El poder no pasa por ver quién tiene la lapicera, sino quién tiene la posibilidad de convencer al otro de llevar a cabo una tarea. Perón nunca necesitó una lapicera”.
En realidad, el pensamiento de Perón respecto al convencimiento por persuasión estaba referido a la forme de predicar ideas para construir una conducción política y de ninguna manera se refería a la gestión de gobierno
Cuando Perón gestionaba lo hacía con la lapicera no con el convencimiento, porque siempre tuvo muy en claro que al poder económico no se lo convence, se lo disciplina. Y esto es lo que parece no terminar de comprender nuestro presidente.
Perón se ganó el odio eterno de la oligarquía que veía como los derechos del pueblo avanzaban en desmedro de sus privilegios a fuerza de “lapicerazos” (el IAPI, el Estatuto del peón rural, las vacaciones pagas y el aguinaldo, la gratuidad universitaria, la creación de la Justicia del Trabajo, la Constitución del 49). El convencimiento lo dejo para ganarse la lealtad del pueblo trabajador que lo consagró como conductor indiscutido del movimiento de masas mas grande de América latina.
EL CONVENCIMIENTO Y LA GESTIÓN DE GUZMAN.
La primera decisión con la que Alberto Fernández asumió la presidencia fue la de NO CONFRONTAR con el poder económico. En sus 30 meses de mandato esto ha quedado muy claro. Quizás queriendo cumplir con aquellos dichos de Cristina cuando anunció la formula Fernández – Fernández: “se necesita convocar a los más amplios sectores sociales y políticos, y económicos también, no sólo para ganar una elección, sino para gobernar”, pero fundamentalmente siguiendo una forma de entender la política que, todo parece indicar, es parte de su naturaleza.
La primera demostración de esto ocurrió a los 6 meses de mandato cuando retrocedió con la intervención a Vicentin. Y con esta voluntad businessman friendly encamino la gestión del ministro Guzmán que, dicho sea de paso, entró en su zona de confort. Así se empezó a configurar el destino final de fracaso de la política económica que culminó con la renuncia del discípulo de Joseph Stiglitz.
La política llevada adelante por el ministro, y sin dudas avalada por el presidente, tuvo la premisa de no confrontar con el poder económico. Quedó demostrado en la negociación con el FMI, cuando evitó interpelarlo ante la comunidad internacional por el irracional crédito tomado por Macri. (no olvidemos esto: el crédito con el FMI lo tomó Macri). Se necesitaba obligar al Fondo a que explicara como a un país que en los últimos 30 años tuvo un superávit comercial de 6.000 millones de dólares promedio por año, se le otorgaba un crédito con dos cuotas de 19.000 millones de dólares anuales. Con la consigna de “convencer al Fondo que la Argentina necesita crecer para pagar, consiguió módicas ventajas, atípicas en los acuerdos de facilidades extendidas que otorga el organismo, si, pero que duraron, como canta Sabina, “Lo que duran dos peces de hielo
en un wisky on the rocks,”: el FMI ya está reclamando disminuir la inversión en obras públicas y en las partidas de jubilaciones, pensiones y planes sociales.
Pero donde el fracaso del “convencimiento” fue más evidente y catastrófico para el bienestar social, fue en la economía doméstica. Obsesionado por la macroeconomía Guzman dejo de lado que la macro evidencia el nivel global de ciertas variables económicas y que si la variable Inflación se le desbocaba era porque las unidades económicas de la microeconomía estaban aumentando los precios: Pero claro, esto significaba confrontar con el poder económico porque solo un ignorante o un empleado de ese poder puede negar que el 165 % de aumento en los precios de la economía argentina, con una débil demanda privada por la pérdida de poder adquisitivo de la mayoría de la población, con el 35% dela capacidad productiva ociosa, con salarios y tarifas actualizadas a la baja, con un ejército de trabajadores informales, obedeció a la irracional toma de ganancias empresariales. Así, mientras el Gobierno actuaba con el “convencimiento”, el poder económico le contestaba con su angurria de riquezas, sin importarle un carajo del sacrificio social que eso importaba.
Lo que el presidente tampoco tuvo en cuenta de Perón fue que el General, a los 8 meses de asumir dejó de lado la tarea (imposible, por cierto) de convencer a todos los sectores económicos de unirse para la reconstrucción nacional, y los denunció públicamente en sus últimos discursos del 12 de junio de 1974, planteando que iba a impedir a “que los vivos de siempre saque tajada delsacrificio de los demás”. Casi las mismas palabras con que Cristina advertía en diciembre de 2020, refiriendose al crecimiento económico que se preveía “yo no quiero que ese crecimiento se lo queden tres o cuatro vivos nada más” advirtiendo, igual que Perón en el `74 , que el intento de involucrar al poder económico en un destino común a todos y todas es irrealizable.
Y esto es así porque el Poder Económico de la Argentina se siente dueño de un país a cuya población detestan
En este momento que vive la historia del País, deseo que la asunción de Silvina Batakis implique dar por terminada la etapa del convencimiento, impulse el cambio de políticas necesarias para abroquelar al FdT, y así poder esperanzar a las mayorías populares de que usando la lapicera HAY 2023.
Y hay una Patria Justa, Libre y Soberana en el futuro.